
Cuando Marcel Duchamp pensó en una manera de sacar al arte de quicio, de su propio eje, de su logos surgió el Ready made. Si bien Duchamp siempre fue reticente a las definiciones y pese a la variabilidad de sentidos que éste adquirió en el curso del tiempo –ninguno satisfactorio- habría dos cuestiones claves. Primero, que se trata de un arte que intenta romper con lo retiniano, es decir con la vista, en consecuencia busca transformarse en un arte para ser percibido desde el pensamiento. Segundo, el ready made consiste básicamente en descontextulizar a los objetos de su uso habitual, correrlos hacia nuevos espacios en los que éstos (sus célebres mingitorios) adquieren nuevos sentidos. Quizá el objeto de todo arte ya sea discusivo o plástico sea la persecución exhaustiva de provocar ese descentramiento, ese corrimiento de la rutinización en la que yacen anclados los sentidos, así el dispositivo de los posibles se libera de la mera referencialidad y de mera utilidad. Así, relaciones sorprendentes evidencia aspectos ocultos de estos objetos al sacarlos de su familiaridad (Bourdieu, 1997:357). Es lo que ha hecho –o intentado hacer- en diferentes gradaciones el Realismo Mágico, el Fantasy, el Non sense, el Surrealismo, el Barroco, el Expresionismo, el Esperpento…etc. Por tanto, el extrañamiento es inherente a toda manifestación artística –y eso va también para los neorrealismos-. En efecto, si el sentido unívoco se impone, la dictadura corre…. Es ahí donde los dialectos del arte resisten….es ahí donde tenemos que pensar al READY MADE
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